Vigésima Edicion Agosto 2020

Resumen La tipología arquitectónica es un parámetro de lectura de una ciudad, en la medida que ésta se conoce, se puede proceder a conservar especialmente si hablamos de paisajes históricos. Esto es un proceso de conocimiento, educación y reconocimiento de valores que proporciona identidad a una comunidad. El entorno geográfico, avances tecnológicos, actividades, economía y pobladores, hacen que cada población sea contenedora de “cultura” en un amplio sentido, definida por siglos en el mundo. A pesar del acervo cultural e histórico de las ciudades históricas, existen diversas formas de ver la ciudad, donde fenómenos como el turismo, la economía, el desconocimiento de los valores de la arquitectura, los cambios de intereses de los dueños de propiedades, han producido inevitables cambios, muchas veces que en vez de proteger al patrimonio arquitectónico, lo destruyen. Presentamos un análisis de la arquitectura del siglo XIX en Zacatecas con la finalidad de mostrar su valor para su conservación y mejor uso. Palabras clave: Tipología arquitectónica, eclecticismo s. XIX, conservación.   Introducción La arquitectura es el reflejo de la vida cotidiana de la humanidad y su adaptación y creación de espacios es testigo de esto. A las actividades se unen elementos importantes de los contextos naturales, como la adaptación al clima, a la topografía, a los materiales de construcción disponibles, a sus vistas naturales y a la vocación de la ciudad. Comprender a la arquitectura de un lugar, depende de comprender igualmente los diversos contextos: el natural, el urbano, el social, la historia y la esencia arquitectónica constructiva y funcional de cada edificio. La ciudad de Zacatecas, y específicamente su centro histórico conserva características arquitectónicas y artísticas peculiares, que aún hacen recordar que la arquitectura es un arte. El labrado de los marcos, balcones o cornisas en cantera rosa, el trabajo del hierro forjado en ventanas y balcones, así como el trabajo de talla en madera, aún se ven en puertas o ventanas, son elementos que los constructores entrelazaban de manera que lograban crear no solamente espacios habitables, sino que se trataba de espacios dignos, útiles, resistentes y bellos. En ocasiones olvida a la memoria colectiva que el rostro de la ciudad histórica que hoy contemplamos, es producto de una evolución natural de la arquitectura y de la sociedad que la construyó. Muchas de las ciudades mineras novohispanas pretendían ser ocupadas mientras durara la explotación de las vetas de plata y que tendrían una vida transitoria, sin embargo, no sucedió así. La riqueza de la ciudad de Zacatecas, no solo permite el crecimiento de la ciudad, sino la consolidación urbana que se reforzaba destacando la riqueza arquitectónica y prestigio en la Nueva España que posteriormente continuará con un desarrollo solido durante los primeros años del México independiente y en el transcurrir del resto del siglo XIX, etapa donde sin lugar a dudas Zacatecas tomará gran parte de la forma tipológica que ahora conocemos. En la reflexión sobre el análisis tipológico arquitectónico, pretendemos dejar claro dos situaciones:por un lado, estamos conscientes que cuando tratamos de explicar una tipología, pretendemos abordar algunos aspectos similares y generales que esto implica, su origen, la razón de estas construcciones, sus funciones, su relación con los contextos naturales, urbanos y sociales, así como comprender las similitudes o diferencias constructivas particulares, funcionales y formales de acuerdo a la época, esto es, explicar la arquitectura de esta época en Zacatecas estando conscientes que hay coincidencias y particularidades. Este proceso por si solo implica ya un proceso de conservación, que documenta este fenómeno arquitectónico. Por otro lado, sabemos que, del periodo de construcción a la fecha, muchas de estas obras arquitectónicas han sufrido transformaciones, como es lógico, pues de alguna manera forzada o planeada se han dado cambios en las formas de vida y en sus necesidades, es entonces que la arquitectura se cambia y se adapta. Es en esta arquitectura que también, como conservadores del patrimonio, podemos distinguir estas nuevas etapas en los edificios. Así pues, la ciudad de Zacatecas es un caso donde la tipología arquitectónica abre un panorama de conservación, que pretende documentar un proceso de la concepción constructiva con todo lo que esto implica. Se pretende hacer uso de una investigación histórica, analítica, descriptiva, que permita comparar resultados entre la arquitectura de Zacatecas e incluso contrastar con los modelos de arquitectura que se construyeron en otras partes de México en este mismo tiempo. Conservar implica también generar y registrar información por lo suponemos que es valioso en esta arquitectura y la convertimos en “monumento” por su carácter documental. El siglo XIX es un periodo de pujanza económica para la ciudad de Zacatecas que queda evidente en la riqueza de su arquitectura.   Antecedentes históricos Se dice que la ciudad de Zacatecas se funda el 8 de septiembre de 1546, sin embargo, tienen que pasar dos años más para que el asentamiento se consolide, por lo que: “generalmente se da como fecha de la fundación de la ciudad de Zacatecas el 20 de enero de 1548. Ese día, según varios cronistas, los fundadores se reunieron por primera vez en el lugar. […] De todos modos, el año de 1548 fue posiblemente el de mayor importancia en la historia de Zacatecas, porque fue entonces cuando se descubrieron los yacimientos mineros más importantes”. (Bakewell, 1997, p. 13, 30). A pesar de que la fundación y consolidación de la ciudad se da hacia esos años, el rostro actual del centro histórico de la ciudad de Zacatecas, más que ser un rostro “colonial”, como es conocido popularmente entre sus ciudadanos y publicitado al turismo, es decimonónico, dado que como cita el historiador Mota y Escobar, durante los años posteriores al establecimiento de la ciudad: «el ánimo de los españoles que aquí poblaron al principio nunca fue de permanecer en este puesto, sino sólo de sacar la mayor cantidad de plata que pudieron, y así hicieron sus casas, o, por mejor decir, tugurios, como peregrinos, y que iban de paso; pero hace metido tanta prenda en esta ciudad que no desamparará jamás y hace quedado con casas cortas y bajas y sin orden de calles.» (Mota y Escobar, Descripción, p. 64, citado por Bakewell, 1997, p. 68). La falta de planeación y la dificil topografía, pudieron estar aunadas además a la escasa población que poseía la joven ciudad de Zacatecas, que para los poblados que componían el Corregimiento de Zacatecas[1], según “los datos que nos da López de Velasco en 1571-74, y los de Mota y Escobar en los primeros años del XVII”, (De Arregui, 1946, p. LXI, LXIII) era de 300 españoles y más según López de Velasco, y de 300 vecinos y 100 o 200 de paso según Mota y Escobar. La ciudad se fue conformando, sin orden aparente, pero siguiendo el caudal del arroyo de la plata y de los arroyuelos que en él convergían, dando forma a calles y callejones con construcciones que debieron de adaptarse a la accidentada topografía, logrando incluso aprovecharla, como en el caso de la Calle de Arriba y la Calle de Abajo, donde por la topografía, las construcciones pudieron contar con un excedente de superficie para construir, además de contar con acceso principal por la Calle de Arriba, y un acceso secundario o de servicio por la Calle de Abajo. La traza urbana de la ciudad que hoy vemos puede que sea el vestigio más antiguo de aquel primer asentamiento, dado que, aunque los inmuebles que persisten, estos han sido modificados con el devenir histórico de la ciudad por una natural evolución en las tipologías arquitectónicas, sin embargo, la traza con sus plazas y callejones, ha sido escasamente alterada. “La zona situada al sur de la parroquia (hoy Catedral) se convirtió en la plaza pública y mercado de Zacatecas. Por el norte de la iglesia se construyó otra plaza de menor tamaño y este conjunto de las dos plazas divididas por la iglesia parroquial fue el núcleo de la ciudad, siendo tanto el centro comercial como el barrio de habitaciones elegantes de Zacatecas. […] Así la capilla y hospital de la Vera Cruz, construidos poco después de la fundación de la ciudad muy hacia el sur de la parroquia, quizás señalaron el extremo de la zona edificada durante muchos años” (Bakewell, 1997, pp. 68, 69) siendo precisamente las construcciones del extremo sur, las calles de Arriba y de Abajo antes mencionadas, referentes del acceso sur a la ciudad, y salida al camino real de tierra adentro.   Conformación del paisaje urbano de Zacatecas Uno de los puntos importantes dentro del análisis tipológico arquitectónico, está representado por sus sistemas y materiales de construcción, que en este caso podemos afirmar que se encuentran estrechamente ligados a los materiales de la región y las características naturales de la región como la topografía, el clima, los materiales como la cantera rosa, las arcillas para el adobe y las maderas de la zona. La constitución de los inmuebles construidos durante la época de la colonia en esta zona de Zacatecas, fue precaria, toda vez que a pesar de que ya se conociera la construcción con piedra, el material más comúnmente utilizado fue el adobe o tierra muerta, el cual, probablemente en la mayoría de las construcciones quedaba expuesto a la intemperie puesto que no contaban con algún tipo de enjarre, o bien, aún no se afinaba la técnica de su conformación constructiva, toda vez que documentos históricos mencionan su pronto deterioro. Al respecto Mota y Escobar a principios del siglo XVII escribió que: «son las casas de esta ciudad de adobes y tapias en general, todas de entresuelos, poco capaces; algunas hay de piedra y con altos, aunque pocas»”. La habitación típica de los miembros más pobres de la sociedad, era una casa de adobe de una sola planta que tenía una habitación (la sala), otra más pequeña (el aposento), la cocina y una bodega. A veces tenía un corral, con un pozo y un local que sirviera de establo. […] El centro de la ciudad, estaba adornado con casas mejores, muchas de ellas de dos pisos, que eran propiedad de los principales mineros, comerciantes y funcionarios, y que quizá eran de piedra en su mayoría, tenían tienda, trastienda, corral y huerta (Bakewell, 1997, pp. 77, 78). En el plano de Joaquín de Sotomayor de la ciudad de Zacatecas, elaborado en 1730, se aprecia esta constitución de casas bajas o de una sola planta, y con techos planos, probablemente de viga y tejamanil. Además, el plano muestra un patrón de crecimiento hacia el sur de la ciudad, dado que “la gente fue abandonando los inmuebles, sobre todo los que se encontraban hacia el norte de la ciudad, porque eran los más antiguos y por lo tanto más afectados, además de que quedaron en la orilla al irse extendiendo la población hacia el sur” (Magaña, 1998, p. 26). (ver figura 01. mapa Joaquín de Sotomayor Fig. 01. Mapa Joaquín de Sotomayor. Tomada de dirección URL: http://bernardodelhoyoc.blogspot.com/2018/05/la-alameda-de-zacatecas.html (Consultada el 03 de abril del 2020). La ciudad de Zacatecas fue encontrando orden en el desorden manifestado en sus caprichosas serranías y cañadas, tan características de la topografía del paisaje zacatecano (que hasta hoy resguardan los grandes tesoros mineros que garantizaron su subsistencia) gracias a la persistencia de sus pobladores y su habilidad para construir en un entorno poco usual. La primera intención de dotar de un orden establecido en las calles se da durante la epidemia de viruela en 1798, una vez que se tuvo la necesidad de registrar la ubicación de las casas donde habitaban los enfermos, y fue mediante la Ordenanza de la división en cuarteles de la muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas. El autor de la Ordenanza fue Joseph Fernández de Moreno, con la ayuda de don Bernardo de Portugal, alcalde de la Real Aduana” (Magaña, 1998, p. 127), quien menciona en las primeras páginas, la dificultad de ordenar a la ciudad, mencionando que: “Para cumplir tan honroso encargo, procedí desde luego a tomar conocimiento de la desigual locación de esta ciudad, que no pude conseguir como deseaba, mediante la suma irregularidad que se advierte en el establecimiento de sus calles y edificios; pues situada la población en una quebrada, torcida y angosta cañada, no fue posible (ni aún desde los principios de su fundación) sacar las mismas calles y casas con un regular orden y con justas correspondencias unas con otras; formándose, por consiguiente, una porción de pueblo grande, tan confuso y apeñuscado, que con dificultad podría conseguirse un plano que diese la necesaria idea para la distribución de Quarteles.” (Fernández, 1801, p.1,2, citado por Magaña, 1998, p.133, 134). Habiéndose fundado la ciudad hacia 1546, para este tiempo se tenía ya una configuración urbana, sin embargo P.J. Bakewell, refiriéndose a la calle Tacuba menciona que “muy pocas calles, aparte de ésta, recibieron nombre, excepto las cercanas a los conventos y las que se relacionaban con los gremios” (p. 85) y resulta relevante señalar que se le haya dado un orden o clasificación a las construcciones hasta finales del siglo XVIII, habiendo teniendo que pasar más de dos siglos para registrar formalmente la distribución de las construcciones y los nombres de las plazas, calles y callejones. El caso de Zacatecas no fue aislado en la Nueva España, sino que la Ordenanza se trató del proceso de aplicación de las reformas borbónicas, instauradas “en la Nueva España -como en casi toda la extensión de la parte colonial del imperio-, en la década de 1760-1770” (Del Río, 1995, p. 10). “Esta pretendida edad de oro de fines del siglo XVIII fue efecto de una profunda regeneración de la sociedad hispánica en el Nuevo Mundo. En cierto sentido, la dinastía borbónica reconquistó América. Transformó completamente su sistema de gobierno, la estructura de su economía y el orden de la sociedad que desde los días de los Habsburgos existía en las colonias” (D. A. Brading ,1975, p. 53, citado por Del Río, 1995, p.10). En la ciudad de Zacatecas “a principios del siglo XIX fueron numerosos los viajeros que todavía consideraban la tierra de los chichimecas, no obstante que la ciudad de Zacatecas contaba 33000 habitantes, divididos entre 15.9 por ciento de españoles y criollos, 29 por ciento de indios, y 55.1 por ciento de castas” (Frédérique, 1999, p.68). Cabe señalar que hasta este entonces, la intendencia o corregimiento de Zacatecas formaba parte del reino de la Nueva Galicia, con capital en Guadalajara, ante la cual se remitían todos los asuntos que tenían que ver con la ciudad de Zacatecas, desde comercio, hasta la distribución de tierras. Así fue la etapa de consolidación de la ciudad colonial de Zacatecas, que como en el resto del país va a alcanzar su etapa de apogeo en la construcción de la ciudad como la conocemos hasta el siglo XIX, incluso hasta su segunda mitad, periodo en el que se puede decir que la ciudad se recuperó de los conflictos bélicos de la primer mitad y comienzos de la segunda del siglo XIX, tales como la Independencia de México (1810-1821), la guerra civil entre el gobernador de Zacatecas Fco. García Salinas y Antonio López de Santa Anna (1835), la Intervención Norteamericana (1846-1848) y la Guerra de Reforma (1858-1861), donde la industria y en consecuencia, la arquitectura, sufrieron un estancamiento que pudo evolucionar sólo décadas después. La arquitectura en la ciudad de Zacatecas se transformaba a lo largo del siglo XIX a pesar de la agitada vida política, llegándose a encontrar inmuebles significativos correspondientes a la primer mitad del siglo, como la Casa de Moneda, a un costado del convento de los agustinos, o el inmueble que remata al callejón de la Aurora, el inmueble que funcionó como Diligencia en la esquina con el callejón de Tenorio, y la relevante casa de la familia Lenorman con fachadas hacia las calles de Arriba y de Abajo (ahora calles Guerrero y Víctor Rosales). Al momento en el que la arquitectura se transforma, automáticamente lo hace el paisaje urbano, dado que además de engalanarse con modernas construcciones, los espacios baldíos y lúgubres se ven completados por construcciones nuevas, dando forma a una nueva imagen urbana. Esto se benefició en el último tercio de siglo, pues gracias a que “las principales leyes porfiristas en materia de propiedad territorial fueron las de colonización (1883), de aprovechamiento de agua (1888) y de enajenación y ocupación de los terrenos baldíos (1894), de las cuales se benefició el centro de la ciudad de Zacatecas.   Arquitectura decimonónica de Zacatecas Al igual que en las ciudades europeas, la instalación del ferrocarril en México, significó un avance tecnológico que revolucionó la manera general de ver la vida, desde modificar los tiempos de transporte, hasta hacer realidad la instalación de edificios prefabricados que se comercializaron por catálogo, muchas veces traídos desde Europa, o bien, desde Norteamérica. Resulta más fácil comprender el contexto económico que puso a la ciudad de Zacatecas en uno de sus mejores momentos económicos, sólo después de la pujanza económica que se dio justo después del descubrimiento de los ricos yacimientos mineros en su serranía durante el siglo XVI. La arquitectura de este periodo, al igual que la del siglo XVI al XVIII, va a manifestar la tecnología de su época, utilizando materiales constructivos de la zona, como lo es la cantera rosa, adobe y ladrillo, pero adhiriendo a estos la tecnología del siglo XIX, consistente en nuevas herramientas de corte de madera que permitieron el refinamiento del detalle en elementos de carpintería en los inmuebles, así como en los muebles, y sucedió lo mismo con el fierro y la lámina, pudiendo incluso encargar columnas, cartelas o frontones por catálogo. (Ver figura 2. Mercado Jesús González Ortega) Fig. 02. Fachada Este del Mercado Jesús González Ortega. Conjunción de cantera rosa de la región y estructura de columnas de fierro vaciado prefabricadas. Fuente: N. Alvarado 2017.   Nuevos mercados eran posibles para las fábricas que recibían encargos de lo que ofrecían en las páginas de sus catálogos ilustrados. Tempranamente, la producción británica buscó mercados externos y, al desarrollarse la industria del acero en Bélgica y Alemania, después de que en Inglaterra se produjeron considerables cantidades de hierro fundido, se delimitaron nuevos espacios comerciales para productos generados en cada vez mayor número (SILVA, 2010, p.72). La ciudad debía adaptarse a una nueva movilidad acarreada por el desarrollo que se vivía a nivel nacional sobre todo en el tercer tercio del siglo XIX, y configurar nuevas vías de comunicación y reflejar el progreso sobre todo en sus obras públicas, que para el caso de Zacatecas se fueron dando de manera paulatina desde inicios del siglo XIX con la culminación del Acueducto del Cubo, la fuente de Villarreal, la construcción de la Alhóndiga, del Mercado Municipal , del hospital (el cual por su ubicación en una loma al noroeste nunca funcionó como tal) escuelas de formación laica (el hospicio de niños en Guadalupe, la escuela normal y el instituto de ciencias) y las cárceles, las cuales se ubicaron en edificios expropiados al clero con las leyes de reforma (como fue el caso del antiguo convento de Santo Domingo); y el teatro Fernando Calderón. Al respecto, según el autor italiano Carlo Aymonino, en Europa se repiten como ejemplos de realizaciones positivas, unos mismos temas: escuelas y hospicios, cárceles y baños públicos, institutos técnicos y manicomios, cuarteles, escuelas de arte, depósitos de gas, almacenes de los equipos de limpieza urbana, etc. (AYMONINO, 1981, p.114). El partido arquitectónico de las nuevas viviendas del s. XIX, se fueron ajustando a las características de la topografía. La configuración arquitectónica de estos inmuebles suele surgir de forma perimetral a un patio central de planta cuadrangular o rectangular, el cual suele ser el punto de distribución de los diferentes espacios que la constituyen, teniendo estas habitaciones también una disposición cuadrangular o rectangular. Estas formas facilitaron la distribución y el aprovechamiento de los espacios, así como la estabilización de su estructura. Sin embargo, para el caso de la ciudad de Zacatecas, no en todos los casos fue posible la adaptación de patios rectangulares, sino que más bien las plantas arquitectónicas obedecieron a la forma de los terrenos, mismos que seguían la forma de su topografía. De igual forma muchas de las viviendas de este periodo, alinearon sus espacios a lado de un patio lateral. (ver figura 03) Fig 03. El partido arquitectónico de las casas del s. XIX, nos llevan a formatos lineales, que aunque se conserva un patio central, se pierde un poco la proporción cuadrada de las casas coloniales.   Casa de Av. Guerrero No. 121-125. Fuente: Ficha con folio 100037 del catálogo interno de la Junta de Protección y Conservación de Monumentos y Zonas Típicas del Estado de Zacatecas del Gobierno del Estado de Zacatecas, capturada por la Junta de Monumentos el 09/01/2010.   En cuanto a la conformación de los elementos tipológicos cabe resaltar la importancia que tomaron las artes menores y oficios de talla de cantera, carpintería y herrería, principalmente, ya que la manufactura de la arquitectura de este periodo se ha caracterizados por construcciones de una calidad excelente desde el trabajo de albañilería hasta la perfecta integración de las especialidades de cantera labrada y herrería primero forjada y después colada, que son tan características de la ciudad. Los inmuebles en las principales calles de la ciudad suelen estar construidos con gruesos muros de mampostería junteada con mortero de cal, los cuales en ocasiones alcanzan el metro de grosor, sin embargo, suele encontrarse la conjunción de adobe con mampostería. Hay construcciones con gruesos muros de adobe donde solamente las colindancias con los marcos de cantería labrada poseen mampostería, al igual que pretiles de mampostería sobre muros de adobe; esto último es sumamente común en las edificaciones, toda vez que no era conveniente construir pretiles de adobe por el alto grado de disgregación de este material en condiciones de humedad. Es interesante señalar la autenticidad de los adobes de algunas construcciones de este periodo en el centro de la ciudad de Zacatecas, donde en algunas partes donde el adobe se ha dañado, es posible notar que estos fueron fabricados con arena de mina, ello dada la coloración de los granos de arena de los que se conforman; y pasa lo mismo con los morteros, los cuales al disgregarse muestran pequeñas piedras de colores verdes, amarillos y rojos, característicos del alma de las minas que rodean la ciudad. La disminución en el ancho de los marcos de cantería es notable en comparación con los marcos de construcciones del siglo XVIII, las cuales cabe señalar que en el centro de la ciudad son pocas, como se observa en los marcos de los accesos principales del actual Palacio de Gobierno y el antiguo Palacio de la Mala Noche (hoy sede del poder judicial); en este periodo la calidad en la talla de cantería sale de los edificios de culto religioso para ser parte también de las construcciones civiles en las principales calles del centro de la ciudad, como la Avenida Hidalgo, la calle Tacuba y la calle Guerrero, donde predominan los inmuebles de este periodo. Cabe señalar que la cantera rosa de Zacatecas facilitó el trabajo de talla, dado que tiende a ser suave por su porosidad, sin embargo, lo suficientemente resistente para colocarse en cornisas, marcos y balcones. Por lo anterior, no es usual observar la cantera rosa en los pisos y escaleras, aunque ello no significa que no se utilizara para este fin, sin embargo, por su rápido desgaste, no fue la mejor opción. (ver figura 04) Fig. 04. Fachada Av. Guerrero #219, tipología de casa de dos niveles con marcos y cornisas de cantera rosa. Fuente: N. Alvarado 2017. En los pisos, es común observar en los patios el uso de losetas rectangulares de recinto, de poca porosidad a simple vista, lo que nos habla de piedras de alta dureza, que suele ser grisácea, contrastando con el rosa claro de las columnas de los patios, así como los marcos de puertas y ventanas. En los espacios interiores, la loseta de barro fue predominante, colocándose en el piso de distintas formas según el gusto del constructor, predominando la forma de “espina de pez” ya sea a 45º o a 90º, en “cesta” o “damero”, o simplemente en hilera recta o traslapada, estos con su respectiva cenefa perimetral. En las uniones se ha podido apreciar que en los patios usualmente las losetas de piedra se colocaron a hueso (sin juntas), al igual que la loseta de barro de las áreas interiores, sin embargo, también se han observado losetas de barro junteadas con mortero a base de cal apagada. Las losetas de cantera para piso no fueron la mejor opción pues este material que ha perdurado hasta nuestros días, posee un alto grado de disgregación, lo que explica su no tan popular uso para este fin. La duela de madera fue usual también para espacios interiores en casas donde se tenían más recursos económicos, colocándola sobre el suelo apisonado y sobre bastidores, dejándola con un acabado natural. Este tipo de piso se observó en los inmuebles habitacionales o administrativos del primer cuadro de la ciudad, donde seguramente habitaron los personajes económicamente más pudientes de este periodo. (Ver figura 05) Fig. 05. Interior  del Teatro detalles de acabado y de mobiliario del s. XIX. Fuente. A. Pineda 2017.   Los acabados en los muros interiores correspondientes a la etapa decimonónica destacan por su singular belleza no sólo en la ciudad de Zacatecas, sino también en haciendas aún existentes en las municipalidades, y cabe señalar que en este aspecto se destaca nuevamente la naturaleza. Los aplanados se elaboraron a base de cal, arena de río o de mina, y mucílago de nopal, y se decoraron con pinturas a base de cal apagada entintada con colores minerales. Materiales como el mucílago no eran difíciles de obtener en los alrededores ricos en nopaleras; en cuanto a la cal hubo incluso un barrio llamado de “Caleros” al suroeste de la ciudad hacia el rumbo de la ex hacienda de 5 señores. La naturaleza se refleja en la decoración de zoclos, cenefas en guardapolvos, molduras de techos, así como en el cielo raso que decoran el lecho bajo de las techumbres, destacando follajes vegetales, flores, o incluso paisajes. También es usual que se realizaran molduras evocando capiteles clásicos, los cuales, por su calidad pictórica pueden engañar al espectador y simular volúmenes reales. En algunos inmuebles dentro de las principales calles del centro de la ciudad también se observó el uso de papel tapiz para decorar muros, sin embargo, cabe destacar que suelen cubrir decoraciones pictóricas anteriores, por lo que puede suponerse que esta decoración corresponde a una etapa posterior, quizás a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. (ver figura 06) Fig. 06. Interior teatro. Gallola, Ver acabados en techo y muros, cielo raso, molduras y pintura mural. Fuente: A. Pineda. 2017.   En cuanto a las cubiertas, continuaron utilizándose los terrados sobre vigas y tabletas de madera, tejamanil o las de barro cocido, mismos que se pueden encontrar en inmuebles anteriores a la etapa analizada, sin embargo, en este periodo te utilizó de forma más frecuente el cielo raso con la idea de embellecer los espacios, pero funcionalmente detenían el polvo que se disgregaba de la madera o del ladrillo, asunto que era incómodo por lo que se evitaba tener los techos de madera expuestas, y se buscó cubrirlas con cielos en ocasiones decorados con paisajes o con cenefas con motivos vegetales. Esto no fue generalizado, dado que hay inmuebles del periodo en donde se optó por pintar o tallar las vigas, encontrando que algunas vigas presentan estriados longitudinales que se llegaron a conjuntar con estriados en marcos de ventanas y puertas, logrando así la armonía deseada. (ver figura 07) Fig. 07. Cubierta de viguería de madera en residencia en la Cd. De Jerez Zacatecas. Fuente: A. Pineda. 2017.   En la ciudad de Zacatecas se destacó la talla de cantera rosa, dada la proximidad de bancos de este material, así como a la textura y resistencia de esta piedra, que permitió realizar trabajos de excepcional calidad; así mismo, influyó de gran manera en la creación de esta tipología tan característica, la mano de obra en el gremio de los constructores zacatecanos que, junto con la postura estilística de los eclecticismos del siglo XIX que favorecía el trabajo de la piedra con terminado aparente, estas fachadas completaron de armar la imagen de la ciudad. Estilísticamente se podrían considerar como elementos románticos en la arquitectura del siglo XIX los siguientes: el eclecticismo espontáneo que se opone al academicismo y a toda ley estética; cierto retorno a la arquitectura gótica por ser un estilo más expresionista que formal; el uso de materiales lo más cerca posible de su estado natural por admiración a la naturaleza y por esa complacencia romántica de sentirse dominado por la naturaleza e integrado a ella; la preferencia por la decoración de tipo orgánico, lo pintoresco o pictórico, lo dinámico y exuberante (KATZMAN, 1981, p.26). Para hacer posible delinear una tipología en este periodo decimonónico, los gremios se hicieron presentes de manera protagónica en la arquitectura zacatecana, y aunque ya desde siglos anteriores habían sido una parte importante de la historia de la ciudad, este va a ser quizás el periodo en el que ven su auge. En este periodo es de suma importancia la aparición de una Escuela de Artes y Oficios en el convento franciscano de Guadalupe, la cual capacitó a los alumnos con actividades relacionadas con la arquitectura. “El pertenecer a las filas del artesanado, siempre representó una alternativa laboral y social, a pesar de que a mediados del siglo XIX el oficio de algunos artesanos había pasado de trabajo calificado a la labor semicalificada. […] Para ingresar al ramo manufacturero se podían seguir dos caminos, por la vía del contrato de aprendizaje entre maestro artesano y familiares del aspirante, aunque a mediados del siglo XIX esta práctica casi había desaparecido. La otra vía era a través de las escuelas de artes y oficios, especie de talleres-escuelas que tenían como finalidad enseñar los métodos productivos de ciertos oficios y fomentar la formación para el trabajo”. En 1862, la asamblea municipal de Guadalupe envió al Congreso del estado un proyecto para fundar una Escuela de Artes y Oficios en el exconvento de aquella villa. Con el establecimiento de talleres textiles, de fragua, de carrocería y carpintería, de torno y fundición de cobre, se permitía emplear a niños y jóvenes desde los diez años de edad en adelante, a reclusos, a vagos, a oficiales y maestros artesanos desempleados. El proyecto escolar, fue aceptado por las autoridades políticas” (Peñaflores, 2002, p. 195, 196, 203). La escuela de Guadalupe cobra relevancia, dado de que es la única donde se imparten actividades que se relacionan con la construcción, como lo son la fragua y la carpintería, por lo que resulta probable que alumnos de esta escuela hayan trabajado herrerías o carpinterías de fincas de la ciudad de Zacatecas mientras esta estuvo en funciones. Zacatecas tiene una serie de ejemplos arquitectónicos similares en su tipología y estilos como los casos de las residencias ubicadas en las calles Guerrero y Víctor Rosales, de las que ya hemos hecho referencia. Las similitudes principales se refieren además de los sistemas constructivos que ya hemos explicado, se centran en la composición formal como la disposición estructural de los arcos y las columnas de cantería, así como en el diseño de óculos y capiteles, lo que hace suponer que pudo haberse tratado de un mismo constructor para ambos inmuebles. La presencia del eclecticismo e historicismo en los estilos arquitectónicos de la época son igualmente evidentes en varios de estos edificios, con una preferencia de diversos formatos neogóticos, así como elementos clásicos recargados con adornos. (ver figura 2 y 4) En cuanto a los usos destinados para las construcciones, predominan el habitacional y comercial, o mixto que compartían el habitacional con las accesorias comerciales hacia la calle. Los inmuebles de servicios como mesones o de tipo administrativo se ubican en la entrada y salida de la ciudad, eran espacios de descanso para los visitantes que venían de paso, por lo que se tiene la hipótesis de que ambos pudieron funcionar además como mesones u hoteles de paso. Analizar el partido arquitectónico nos permite entender este uso a través de la composición de sus espacios, las habitaciones y lo que pudieron ser áreas comunes. En la casa Lenorman, en el sótano que llega hasta el nivel de la calle de Abajo (hoy Víctor Rosales), hay grandes espacios tipo galerones, además del patio, que pudieron haber funcionado como estacionamiento para carrozas y caballos. En este nivel de sótano hay habitaciones más pequeñas y menos ventiladas, que pudieron haber hospedado a personas de menor rango económico, como era usual en aquella época. Para llevar a cabo la clasificación de la tipología decimonónica en la ciudad de Zacatecas, la investigación se centró en ubicar las zonas de mayor concentración de este tipo de vivienda en la ciudad. Nos enfocamos en las calles Guerrero y Víctor Rosales, donde se elaboraron fichas de descripción tipológica, para detectar el periodo de la construcción original y sus transformaciones y en base a las características tipológicas antes mencionadas. Así, se pudo detectar los elementos que pueden corresponder con el siglo XIX en su construcción original de la mayoría de los inmuebles existentes en ambas calles. Descubrir elementos importantes de la arquitectura dentro de esta etapa histórica es importante para estar en posibilidad de lograr su conservación, sin embargo, es importante tomar en cuenta que estos inmuebles ya han sido alterados, y su adecuada conservación depende de la importancia que se le otorgue a lo que se ha logrado conservar.   Conocer para conservar el patrimonio La importancia de detectar la tipología en el análisis arquitectónico es fundamental. La vida cotidiana es un motor que crea espacios en cada época histórica, y es obvio que la vida no es la misma en el siglo XIX que en el XXI y que la arquitectura igualmente sufre estas transformaciones. Además de partir de la idea de que siempre es preferible restaurar para habitar y conservar el patrimonio, es decir que tenga una utilidad a dejar a abandonado el edificio, o restaurarlo como pieza de museo y que no tenga utilidad alguna. En este sentido la restauración y el reciclaje de edificios es válido y se espera que estos edificios sigan teniendo vida a través de las nuevas actividades. Entonces es importante restaurar para conservar el patrimonio y también es importante que estas intervenciones sean igualmente respetuosas de la esencia de los bienes patrimoniales históricos. El análisis de la tipología arquitectónica permite conocer materiales constructivos, así como sus técnicas, nos permite conocer las compatibilidades en caso de una intervención de agregados nuevos, permite reconocer los materiales originales, así como las etapas históricas. Estos estudios nos permiten proponer las mejores estrategias de conservación sin violar los principios de la conservación establecidos teórica e internacionalmente, para estos casos. Queremos centrarnos ahora en la idea de, ¿hasta qué punto se pueden permitir las alteraciones en un edificio para que continúe funcionando? ¿Hasta qué punto podemos considerar la esencia de un edificio histórico? En base a lo anterior, se encontró que clasificaciones similares han servido a ciudades históricas de Italia para determinar el grado de alteración permisible cuando se pretenda cambiar el uso de suelo o realizar modificaciones a los inmuebles dentro de una zona de protección, por lo que el resultado de la clasificación tipológica se basó en la Ley 13/2015, aplicada en la ciudad de Catania, Italia. Se definió la viabilidad de uso y conservación de inmuebles en base a la tipología de los edificios, la cual “identifica reglas simplificadas para la recuperación del patrimonio arquitectónico existente en los centros históricos, define las diferentes tipologías de construcción de los centros históricos y las intervenciones elegibles relacionadas, estableciendo que la pertinencia de las unidades de edificio individuales a las tipologías se identifica con un estudio con efectos constituyentes, para ser aprobados por resolución del Ayuntamiento (Maccarrone, 2015). De la mencionada ley, presentamos los primeros artículos, que son la esencia del documento, en donde se establecen los lineamientos a seguir para la clasificación y el uso de la misma en la intervención del centro histórico de Catania. El documento es compatible a la problemática actual de la ciudad de Zacatecas, por lo que se expone en este documento una propuesta derivada de este plan, donde el conocimiento de las tipologías de los inmuebles es una herramienta para que las las autoridades logren un mejor entendimiento con los propietarios de inmuebles, y en base a una clasificación establecida.   Los artículos de la ley 13/2015 de la ciudad de Catania, Italia, son los siguientes: “Art. 2: Define las diferentes tipologías de construcción de los centros históricos, en relación con las características arquitectónicas, dimensionales y estructurales. Art. 3: Establece que la pertenencia de las unidades de edificio individuales a las tipologías se identifica con un estudio detallado con efectos constitutivos, que se aprobará con la decisión del consejo municipal. Art.4: Define las intervenciones admitidas y las modalidades de implementación. Art. 5: Reglas generales y usos compatibles”. (Ley 13/2015) La Ley 13/2015 menciona la siguiente clasificación, que fue utilizada para los inmuebles dentro de las calles Guerrero y Víctor Rosales, una vez reconocidos los inmuebles mediante la elaboración de fichas tipológicas · Base no calificada. - Inmuebles con caracteres dimensionales planimétricos, originales o modificados, con poco valor o sin o sin caracteres arquitectónicos típicos. · Base parcialmente calificada. - Inmuebles con caracteres dimensionales planimétricos, originales o modificados, y permanencia de características arquitectónicas típicas, que han sufrido modificaciones o agregado de volúmenes. · Base calificada. - Inmuebles con caracteres dimensionales planimétricos, originales o modificados, y permanencia total de las características arquitectónicas típicas, aunque hayan sido alterados sus materiales originales. · Base especial calificada. - Unidades de construcción básicas con caracteres dimensionales y de perspectiva que las hacen relevantes del resto, que han conservado su caracterización arquitectónica original. · Residencial. - Edificios residenciales construidos a partir de los años 50 del siglo XX, o nuevos construidos en áreas libres, también a través de la demolición de edificios preexistentes. (Ley 13/2015).   La ley 13/2015 de Catania posee seis clasificaciones tipológicas, de las cuales para el caso se omitió la “especialista”, que se refiere a monumentos no residenciales, dado que en las calles analizadas no existen tipologías dentro de esta clasificación. Cabe señalar que la clasificación “residencial”, se tomó dentro de la clasificación de monumentos modernos no clasificados. Las fichas de clasificación tipológica que se elaboraron a los inmuebles existentes en la Avenida Guerrero y calle Víctor Rosales del centro histórico de la ciudad de Zacatecas, contienen la descripción arquitectónica de cada construcción, la tipología de pisos, muros (materiales y acabados), cubiertas, entrepisos, cubiertas y fachadas, de los cuales siguiendo la clasificación de la ley 13/2015 de la ciudad italiana de Catania, se encontró que de un total de 89 inmuebles (tomando en cuenta los inmuebles por fachadas completas y no por división catastral), existen 23 inmuebles de tipología no calificada, 28 de tipología parcialmente calificada, 29 de tipología calificada, 9 de tipología especial calificada y 2 de tipología residencial del siglo XX. En base a esta clasificación se establece el grado de intervención que estos inmuebles aceptan, según la clasificación de tipos detectados, en donde se definen cuatro principales factibilidades de intervención, las cuales, basadas en los reglamentos estatales vigentes en la materia, así como en la ley italiana 13/2015, se basan en la definición de tipología que posee cada inmueble. Se definen a continuación sus aplicaciones en Zacatecas. - Mantenimiento de los edificios.- Se trata de un mantenimiento, consistente en la impermeabilización de las azoteas, desazolve de las bajadas de agua pluvial, rejunteos de cornisas e integración de entortados sobre pretiles. Estaría permitido en todos los tipos, mediante la comunicación del inicio de la actividad acompañado de un informe técnico rubricado, utilizando los materiales y sistemas constructivos originales, acompañado de documentación fotográfica firmada por un técnico calificado. Para las intervenciones referidas es necesario adquirir la autorización del Ayuntamiento. Lo anterior apegado a la Ley de Protección y Conservación del Patrimonio Cultural del Estado de Zacatecas. - Restauración de edificios: Se trata de acciones de conservaciones mayores, necesarias cuando los inmuebles se encuentran en malas condiciones, mismas que deberán apegarse a los materiales y sistemas constructivos de origen. Estaría permitida en todas las tipologías calificadas, mediante un aviso de inicio acompañado de un proyecto redactado por un arquitecto restaurador calificado. Para las intervenciones referidas en este apartado es necesario adquirir la autorización del Ayuntamiento. Lo anterior apegado a la misma ley antes mencionada. - Remodelación del edificio: Se trata de acciones de reconstrucción de elementos dañados estructuralmente, tales como muros o cubiertas. Estaría permitida en los inmuebles no calificados o parcialmente calificados, sujetos a la adquisición del permiso de construcción. En los tipos parcialmente calificados, la reestructuración interna no puede implicar la demolición total del edificio, debiendo preservar las principales estructuras verticales y horizontales y el carácter tipológico, el cual va a mandatar el material a utilizar. Lo anterior apegado a la misma ley estatal de conservación. - Elevación de altura (integración de niveles superiores): Se trata del aumento de niveles sobre los inmuebles existentes. Estaría permitida en todas las existencias de edificios base no calificadas o parcialmente calificadas, a través de la adquisición del permiso de construcción; lo anterior apegado a la Ley de Protección y Conservación del Patrimonio Cultural del Estado de Zacatecas, y al programa parcial del centro histórico de la ciudad de Zacatecas. El estudio detallado realizado en las fichas, además de los tipos definidos por la clasificación, identificó otros componentes dentro de la zona de estudio, como edificios parcial o totalmente demolidos divididos en: - Edificios rectos cuya tipología de construcción original ya no es reconocible. - Edificios que sin embargo son reconocibles en sus características tipológicas y volumétricas. La calle Guerrero era y es conocida como la Calle de arriba o de los doctores, dado que aquí es donde se han concentrado los servicios de este tipo, como farmacias, clínicas y consultorios. Al tratarse de usos que exigen alto grado de normatividad sanitaria, la consecuencia principal ha sido la pérdida del partido original, y la integración de materiales inadecuados en los distintos elementos, como el piso, donde se han integrado pisos cerámicos donde había duela de madera o loseta de barro, o sobre los muros, donde se ha integrado azulejo o mortero a base de cemento-arena sobre aplanados de cal apagada-arena; integración de plafones bajo vigas de madera, etc. Para la presente investigación, una vez analizados los inmuebles e insertado en una de las clasificaciones tipológicas antes descritas, se recomienda la observancia en cuanto al cambio de uso de suelo desde una nueva perspectiva, que se compagine con la normatividad vigente, que sin embargo, tome en cuenta además de las leyes en materia, la tipología arquitectónica de sus construcciones, le de valor a los elementos auténticos y vuelva a las construcciones útiles, sin tener por ello que perder su autenticidad. Por lo tanto, puede afirmarse, sin duda alguna, que la tipología edificatoria representa un dato de hecho y comienza a desarrollarse como un instrumento indispensable no sólo para la clasificación de las construcciones existentes sino también, y sobre todo, para la definición de directrices operativas en el proyecto arquitectónico.   A manera de conclusión: La protección de los inmuebles se debe entender no solamente por unidades, sino por contextos, por ciudades históricas o paisaje urbano, que comprende aspectos materiales arquitectónicos, pero sin dejar de considerar los diversos contextos que le dan sentido a un centro histórico como los tipos de relaciones culturales con la población como las simbólicas, las identitarias y las culturales de la sociedad zacatecana, es así como se debe comprender la evolución del patrimonio La conservación del patrimonio arquitectónico depende igualmente de mostrar a la sociedad el tesoro que debe resguardar, esto es educar a la sociedad mostrando el valor de estos bienes arquitectónicos y urbanos y la forma como complementan la cultura histórica, en este caso de Zacatecas. Es así que comprender la arquitectura no solo nos permite valorar el patrimonio, sino crear las estrategias adecuadas para su conservación. El comportamiento de la distribución de los tipos en el tejido urbano de la ciudad de Zacatecas, determina el carácter, la imagen y las potencialidades funcionales de las distintas áreas, como en este caso, de las calles Guerrero y Víctor Rosales, donde fue grato descubrir inmuebles parcial o totalmente conservados, los cuales, finalmente fueron un 46% del total, lo que permitió comprobar la validez de las propuestas de revalorización establecidas, que se pretende constituyan un elemento fundamental en la formulación de nuevos planes de ordenamiento urbano del centro histórico y en las normatividades de protección, sobre cuya base se debe orientar la actuación dirigida a la conservación de los diversos ambientes, urbanos y monumentales.   Bibliografía AYMONINO, Carlo (1981). El significado de las ciudades. H. Blume ediciones. Madrid, España. 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