Imágenes fotográficas de la caravana compuesta por madres de migrantes centroamericanos en México, una interpretación desde Charles S. Peirce

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Décimo Cuarta Edición Octubre 2014
Actualizado: Wednesday, November 12, 2014 - 17:28
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ARTÍCULO

Resumen

Este análisis vincula dos temas de suma importancia: por un lado, la desaparición de los migrantes centroamericanos en tránsito por México, por el otro, los estudios sobre interpretación de la imagen desde la perspectiva semiótica, específicamente a partir del pensamiento de Charles S. Peirce acerca del signo y su interpretación.

 

Palabras clave: Signo, interpretación, imagen fotográfica, migración centroamericana en tránsito.

“(…) nosotras, las madres de desaparecidos y asesinados, estamos clamando y gimiendo por la ausencia de ese hijo, porque nos quedó mucho amor en el corazón y no podemos dárselo a nadie más, porque es de ellos y es de ellas. Y porque hay un hueco, y el alma duele y porque nos pesa en el corazón y las espaldas su ausencia… porque no hay nada ni nadie que nos calme este dolor.”[1]

Norma Ledezma

(Madre de adolescente asesinada)

 

Comienzo en el lugar que ocupa la imagen, primero como percepción visual, es decir, como una actividad física y compleja que desarrollamos inconscientemente, a la que se encuentran unidas inevitablemente otras funciones humanas, como las psíquicas, cognitivas o memorísticas, que al relacionarse con un contexto –social, institucional, ideológico- dan como resultado la interpretación de quien observa. De tal suerte que la percepción visual nos permite captar el mundo como es, con una mirada panorámica mostrando un conocimiento de la realidad, que una vez observada, es interpretada; dicha percepción se da por medio de imágenes captadas por el ojo.

 

Las imágenes a su vez son objetos que se construyen en dos dimensiones, pero son captadas por el espectador en tercera dimensión, dicho espectador interpreta los sentidos de la imagen, percibiéndolos de forma unitaria, con base en códigos de representación icónica (Eco 1975), estableciendo una relación entre los conocimientos, sensaciones contextuales y la imagen, dando como resultado la interpretación del signo. Por lo tanto, aquello que nuestra visión capta, aquello que nuestro cerebro codifica, son signos[2]. Definimos al signo con Peirce de la siguiente manera:

Un Signo, o Representamen, es un Primero que está en tal relación triádica genuina con un Segundo, llamado su Objeto, como para poder determinar un Tercero, llamado su Interpretante, para que asuma  la misma relación triádica con su Objeto en la cual el mismo está con el mismo Objeto. La relación triádica es genuina, es decir, sus tres miembros están unidos por ella de un modo que no consiste en ningún conjunto de  relaciones diádicas. Esta es la razón por la cual el Interpretante, o Tercero, no puede estar en una mera relación diádica con el Objeto, sino que debe estar en tal relación con éste como la que el propio Representamen posee. (CP 2. 274.)[3]

Por otra parte, para Peirce existen tres clases de signos que son:

 

El ícono,[4]imagen que es un signo que representa un objeto, porque posee un conjunto de cualidades que ese objeto posee.[5]4
El índice, o sema, es un Representamen cuyo carácter representativo consiste en que es un segundo individual. Si la Segundidad es una relación existencial, el Índice es genuino. ( CP 2.283)[6]
El símbolo, es un Representamen cuyo carácter representativo consiste precisamente en que es una regla que determinará su Interpretante. Todas las palabras, frases, libros y otros signos convencionales son Símbolos. (CP 2.283)9

 

Estos signos se subdividen a su vez, parafraseando a Marty Claude –Marty Robert[7] de la siguiente manera:

 

El cualisigno (icono remático). Es una cualidad  que es un signo, es decir, el interpretante conecta al signo con su  objeto por medio de la percepción. Cuando el interpretante percibe el objeto, lo conecta con la idea que de éste tiene debido a su experiencia.
El signo icónico (remático). Es un objeto que posee la cualidad de, al ser percibido, producir en nuestra mente otro objeto,  que también posee esta cualidad, haciendo posibles varios cualisignos.
El sinsignoindicialremático. Es un objeto que experimentamos de manera directa y nos conduce a otro objeto que se encuentra realmente en conexión con el primero.  En este caso, la cosa que percibimos se conecta de manera directa con otra cosa, no percibida, que es la causa directa de la primera.
El sinsigno dicente. Es un objeto de experiencia directa  que dirige nuestra atención hacia otro objeto con el que se conecta, gracias a cualidades comunes, y así proporciona información de las cualidades del objeto mismo.
El legisigno icónico. Además de establecerse un objeto de experiencia, existe una ley que prescribe las cualidades para que ese objeto pueda generarse conceptualmente en la mente.
El legisignoindicialremático. En este caso se da el objeto de experiencia y la ley, pero ésta servirá para dirigir nuestra atención hacia otro objeto, realizando una conexión espacial con el segundo objeto.
El legisignoindicial dicente. Se define por el hecho de darse un objeto de experiencia y una ley que prescribe mediante qué conexión real ese objeto dirigirá nuestra atención sobre otro y con qué cualidades nos dará la información sobre ese objeto. 
El símbolo remático.  En este signo se da el objeto de experiencia y la ley que prescribe las cualidades de este objeto, que se asocian a un concepto generalizado, a una clase de existentes o de hechos. Cualquier sustantivo funciona como símbolo remático
El símbolo dicente. Se define porque se da el objeto de experiencia, las leyes que prescriben las características de este objeto y conceptos generales con los cuales se asocian
El argumento.  Se da un conjunto de símbolos dicentes llamados premisas y una ley que prescribe la coexistencia de ese conjunto con símbolos dicentes (conclusiones), los últimos se aplican a hechos explícita o implícitamente representados en las premisas. 

 

La relación de los tres signos descritos da como resultado la conciencia de la existencia de algo o alguien a través de su interpretación, estas relaciones tríadicas se repetirán en infinidad de ocasiones en lo que Peirce llama una semiosis ilimitada, término con el que resume la infinita carga interpretativa del signo. En este análisis enfocamos nuestra interpretación en dos imágenes fotográficas. Acerca de esta categoría (la fotografía), Peirce hace referencia en varias ocasiones[8], estableciendo siempre la cualidad indicial de la misma, ya que siempre se encontrará en relación y como huella de algo que existió, como testimonio del objeto inmediato. Al ser la imagen impresa, un signo que representa a un objeto o acontecimiento específico, la fotografía guarda también semejanza con aquello que representa (signo icónico) y pasa por un estatuto simbólico para poder ser interpretada.

 

Consideramos que para realizar cabalmente la interpretación de las imágenes elegidas es necesario un recorrido metodológico que vincule los códigos fotográficos y el contexto de producción en el discurso social[9]; es por esto que realizamos una breve contextualización del tema de los migrantes centroamericanos en tránsito por México previo al análisis, después analizamos los textos fotográficos como signos vinculados a  los sujetos y objetos que aparecen en unión con una realidad singular que les otorga ciertas características frente a otros discursos; también veremos cómo ese documento fotográfico persiste como huella; por otra parte, en tanto signos simbólicos, nos detenemos en los textos como objetos dinámicos, que en su interior concentran una trama política, social, cultural, económica etc.

 

Breve introducción del tema de la migración centroamericana en México

En la frontera norte del continente americano las migraciones han destacado como un tema importante de los estudios sociológicos, culturales, políticos y económicos; debido a la gran importancia que este fenómeno ha tenido  durante todo el siglo XX, con la marcada superioridad del imperio norteamericano sobre los países latinoamericanos. Sin embargo la forma de enfrentar la problemática ha ido mutando a lo largo del siglo XX y la primera década del XXI, pasando de un problema de oferta laboral, a la criminalización de los migrantes en territorio estadounidense. La mayor parte de dichos flujos, se han dado desde el siglo XX en países en vías de industrialización, que debido a sus condiciones de vida despliegan altos niveles de emigración.  De esta forma, las migraciones se han desenvuelto de la mano de la modernidad en los países industrializados[10]; los migrantes por su parte son vistos como elementos ajenos y marginales al interior de las sociedades en las que viven, lo que lleva invariablemente a este grupo de personas a ser excluidos (Bauman2005)[11].

 

Desde finales del siglo XIX ha existido flujo migratorio de Centroamérica hacia México; dicho flujo ha sufrido diversas metamorfosis consistentes, con las características contextuales que le cobijan.  A partir de la década de 1970 el número de migrantes comenzó a intensificarse, debido a las problemáticas políticas y sociales que los países centroamericanos vivían, como las guerras civiles, las dictaduras militares y la extrema pobreza. La migración centroamericana, concentrada principalmente en la frontera sur de México con Guatemala, convierte a la zona en una de las más transitadas y con más movilidad trasfronteriza de Latinoamérica. Según los datos oficiales de la Comisión Nacional de Población (CONAPO2010), en los años ochenta se disparó el número de migrantes, debido a la gran crisis político social que sufrieron la mayoría de los países centroamericanos.  Su paso por México siempre ha estado marcado por la invisibilidad, la desigualdad, el abandono y un ejercicio del poder desmedido por parte de las autoridades que ejecutan prácticas violentas sobre sus cuerpos y mentes.

Con la toma de protesta como presidente de Felipe Calderón en México (2006 – 2012), los migrantes centroamericanos comenzaron a ser noticia en medios nacionales; la llamada “guerra contra el narco” que desató Calderón en su gobierno, trajo como resultado, la ruptura de las estructuras de poder al interior de los grupos del narcotráfico mexicano, los cuales se dividieron en un sinnúmero de cárteles que fueron especializándose en distintas áreas del crimen organizado al interior del país. Los Zetas, por citar alguno de los grupos delictivos con mayor fuerza, vieron en los migrantes centroamericanos un blanco fácil para el reclutamiento y la extorsión. Las bandas delictivas derivadas del narcotráfico se instalaron en los lugares frecuentados por los migrantes para secuestrarlos, extorsionarlos -a ellos y sus familias en Centroamérica-, prostituirlos, introducirlos como sicarios o matarlos. En el año 2010 la aparición de 72 cuerpos de migrantes ejecutados en San Fernando Tamaulipas, puso de manifiesto la ineptitud de las autoridades ante las vejaciones sufridas por parte de los que buscan el “sueño americano”. Son cientos de miles las historias que se entretejen en una sola voz, que a veces se asemeja más a un grito sordo,  lo narrado pareciera repetirse una y otra vez en capítulos emergidos de la más pura ciencia ficción.

La mayor paradoja al respecto se da en la realidad de un  país como México, que lucha por la legalización, trato digno y mejor  calidad de vida a sus migrantes en los Estados Unidos, pues no promueve leyes que  generen espacios seguros en el tránsito de los migrantes indocumentados, quienes cruzan el país, y que suman alrededor de 400,000 personas por año (Instituto Nacional de Migración, 2005: 35). A pesar de que el Estado Mexicano tiene la obligación legal derivada de la Ley de Migración, de proteger a todo migrante que se encuentre en territorio nacional, sin importar su condición migratoria, los esfuerzos realizados por los tres poderes de gobierno siempre se quedan en intentos mediáticos, que buscan acallar las voces de los organismos internacionales como Derechos Humanos, Amnistía Internacional o Unicef (Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia).

 

ANÁLISIS

 

IMAGEN I

IMAGEN 2

 

 

 

 

Bibliografía

Angenot, Marc, Interdiscursividades. De hegemonías y disidencias. Editorial UNC, Córdoba, Argentina, 1998 (1989).

Bajtín, Mijail, Estética de la creación verbal, SXII editores, Buenos Aires 2005 (1979).

Bauman, Zygmunt, La cultura como praxis, Paidíos, México DF, 2002. 374 páginas

-----------: Vidas desperdiciadas, La modernidad y sus parias, Paidós, Buenos Aires, 2005.

Casillas, Rodolfo, La vigencia de los derechos humanos de los migrantes, premisa insustituible en la relación migración y desarrollo, en el texto Mirando al norte: algunas tendencias de la migración, 20012.

Francisco Alba, Manuel Ángel Castillo y Gustavo Verduzco (coordinadores), Los grandes problemas de México, tomo III Migraciones internacionales, Colegio de México, México DF, 2010, 582 páginas.

Marty Claude – Marti Robert La semiótica 99 respuestas Buenos Aires. Editorial Edicial.1992. 240 pp

Mezzadra,  Sandro, Derecho de fuga Migraciones, ciudadanía y globalización, España, 2005.

SayadAbdelmalek, Estado, nación e inmigración, El orden nacional ante el desafío de la inmigración Traducción: Victoria País Demarco. Edición: Gabriel Vommaro. Madrid, 1984.

Peirce, Charles, CollectedPapers of Charles Sanders Peirce, texto proporcionado digitalmente por el investigador uruguayo Fernando Andacht.

Van Dijk, Teun. Dominación étnica y racismo discursivo en España y américa Latina.Gedisa, España, 2008. 205 páginas.

 

Documentos

El salto al norte, Violencia, uinseguridad e impunidad del fenómeno migratorio en Guatemala, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, Guatemala, 2011. 69 páginas

González Cámara, Noelia DE INDESEABLES A ILEGALES: UNA APROXIMACIÓN A LA IRREGULARIDAD MIGRATORIA, Instituto de Filosofía-CCHS (CSIC), 2010

Gil, Araujo, Sandra, Extranjeros bajo sospecha, lucha contra el terrorismo y política migratoria en EE UU y La Unión europea.

ZuzannaJaegermann, EL ESTATUS ‘IRREGULAR’ DE LOS/AS INMIGRANTES COMO UNA CONSTRUCCIÓN SOCIO-POLÍTICAM, Itinerarios, Volumen XIII, 2011.

Ana María Chávez Galindo y Antonio Landa Guevara, Migrantes en su paso por México: nuevas problemáticas, rutas, estrategias y redes Autores: Consultado el 12 de agosto de 2013.