El deseo y el erotismo detrás de la imagen de María Magdalena: un análisis sobre la visión del cuerpo como depositario de lo erótico

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Décimo Cuarta Edición Octubre 2014
Actualizado: Monday, November 17, 2014 - 10:45
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ARTÍCULO

María, tomando una libra de perfume auténtico de nardo, de mucho precio, ungió los pies de Jesús y se los enjuago con los cabellos. La casa se llenó del aroma del perfume.[1]

 

El ser humano tiene la necesidad de mirar su imagen  para poder conocerse, ya sea en el reflejo del agua o de una piedra tallada hasta pulirse cuando aún no aparecían los espejos; el hombre debe de conocer su imagen para identificarse y descubrirse, para hacerse presente.

 

El retrato hace que la presencia perdure cuando ya solo hay ausencia, inmortaliza  la figura del ser humano a través de los siglos y hace  que el olvido no llegue a la memoria. El mundo del arte ha estado lleno de retratos y autorretratos precisamente por el miedo del hombre a ser olvidado por completo y a no dejar  un testimonio de su paso por el mundo.

 

La experiencia de “ser” un cuerpo debe dejar constancia de su existencia. Gracias al retrato también podemos hacer una distinción de género, retratos masculinos y retratos femeninos se han creado desde principios de la historia donde se superponen múltiples manifestaciones artísticas, que se enfocan en exaltar y limitar las características físicas de las personas retratadas; pero también en exhibir el sexo y el género de una manera artística y estética, al que pertenecen.

 

El hombre se mueve en esencia por el deseo, el deseo es la esencia misma del ser humano determinada por sus afecciones, este  siempre va relacionado a lo simbólico y muchas veces parte de la imaginación y se nutre de los pensamientos, los deseos son tan difíciles de comprender que a veces es preferible mantenerlos en secreto.

 

Tomando a María Magdalena como punto de partida se analizará la imagen de una mujer que se rige por el erotismo sensual de su condición de mujer libre y mujer líder, compañera de Jesús en su ministerio y después juzgada como pecadora. A lo largo de la historia se han creado innumerables representaciones de la imagen de María Magdalena por medio del retrato dentro de la pintura; y este ensayo pretende enfocarse  en el deseo y el erotismo detrás de la imagen de una mujer que, junto a María la virgen, fue una de las más importantes dentro de la historia bíblica.

 

María Magdalena es una mujer que fluye dentro de los parámetros del erotismo y del deseo, su historia y su vida hacen que se le relacione con una virgen inmaculada y al mismo tiempo con una mujer que no duda en usar su esencia erótica para figurar dentro de la historia,  esto lo logra a través  de un erotismo que tiende a lo sagrado, el cual  no se puede mancillar ni con el pensamiento.

 

Es María magdalena la imagen de una mujer penitente que llora la muerte de su Mesías al mismo tiempo que llora también los dudosos pecados de la carne que le son atribuidos. Representada en las obras de arte, casi siempre semidesnuda, se muestra como una mujer que es ya el símbolo de la penitencia dentro de la iglesia; nos enseña que los deseos son provocados por demonios que tienen que ser expulsados de su cuerpo femenino; representa a la mujer, la mujer de carne y hueso, la que puede pecar y aun así ser  perdonada; la otra mujer, la contra parte, es María la virgen, una mujer a la que se no se puede acceder por ser pura.

 

Se sabe muy poco de Magdalena, es la pintura la que nos muestra la imagen que se le ha dado a través de los años. Una mujer hermosa  de cabello largo que simboliza la relación entre la belleza, la pureza, la sexualidad y el pecado.

 

La imagen que el pintor – hombre ha creado de ella es una imagen cargada de sensualidad, un personaje histórico que se ha mitificado a través de la historia y a través del arte. Si nos guiamos de las distintas versiones que la citan como la compañera sentimental de Jesucristo, es la única capaz de  conquistar el lado humano del hijo de Dios.

 

Este personaje bíblico en cuestión es una percepción hibrida que se formó a partir del siglo VI, como una ramera y como una mujer arrepentida, pues es un claro ejemplo de la personificación de los aspectos de una sexualidad femenina libre que a los primeros líderes de la iglesia católica no les era conveniente  exaltar, es por eso que se convierte primero en prostituta y después en penitente.

 

Es María Magdalena una piedra angular del debate entablado sobre el papel de la mujer dentro de la historia. Es una mujer hibrida, como todas las mujeres, una que no es ni santa ni  puta, es solamente una mujer corpórea, mortal.

 

La mujer acepta su cuerpo cuando se da cuenta del poder que tiene la desnudes, se reivindican los pecados por medio del cuerpo y de la sexualidad que contiene y es aquí cuando  el cuerpo se transforma de una prisión a una sustancia libre.

 

Los cuestionamientos dentro del arte no se pueden desmembrar de la idea de la mujer, la mujer está implícita en toda la historia del arte de maneras variables, el hombre ha querido plasmar su vínculo con la mujer a través de la pintura y la relación de éste con la feminidad.

La mujer se ha dejado conquistar solamente a través del lienzo, se ha plasmado su imagen, y solo de esta forma ha pertenecido enteramente al hombre, pero no le pertenece en cuerpo, sino en imagen, como un sueño lúcido que al fin de cuentas solo es un ideal.

 

Siempre se ha tenido la necesidad de una diferencia sexual y de género y ésta ha relegado a la mujer a un segundo término, muy parecido a lo que paso con el arte = hombre, y la artesanía = mujer. Lo femenino representa la confrontación desde los tiempos de Lilit y es por esta razón que es preferible tenerla sometida por una estructura dominante de una masculinidad falogocentrista.

 

La mujer para muchas culturas representa el conocimiento; lo cual posibilita la experiencia, y  gracias a su cuerpo fecundado por el hombre, la existencia. Derrida lo dice: “negar el concepto de la mujer nos privaría de la posibilidad de un discurso sobre la mujer”.[2]

 

La mujer es vista como musa en la historia del arte, objeto mas no sujeto, María Magdalena se convierte dentro del lienzo en algo alcanzable y en cierto modo superable para el hombre, en ella vuelca las pasiones hacia todas las mujeres de la tierra, es por fin accesible gracias al material pictórico.

 

El cuerpo solo se puede salvar  de perderse y ser olvidado representándose por medio de la imagen, se ofrece la figura. En las obras donde se representa la imagen de María Magdalena se consagra el cuerpo de la mujer con una disposición latente la cual se muestra en una postura similar al hombre.

 

Al mostrar el sexo, o parte de su sexualidad y de su erotismo no hace más que conmocionar al espectador, de cierta manera se da a desear; pero esto representa una falta, pues se desea mediante la imagen planteada a la mujer que pertenece al hijo; una manera deliberada de pintarla para hacerla más mortal y portadora de pecado.

 

Se representa el cuerpo de la Magdalena como una llaga que infringe dolor, el cuerpo es la casa y dentro de la casa también se sufre, aunque se está más seguro.  Su cuerpo es un expositor y al mismo tiempo está expuesto. El límite se ofrece como una ofrenda de un cuerpo femenino, entregado sin que se le pida, pero justamente para que se le pida. Ya lo dice Jean Luc Nancy: “un cuerpo es una imagen ofrecida a otros cuerpos”. El pensamiento se convierte en un deseo y se ofrece desnudo a ese deseo.

 

Pues el vestido retirado no entrega un cuerpo, lo hurta al instante en el secreto de la intimidad que expone en cuanto infinita: infinitamente próxima y dada a tocar el deseo del otro, pero así infinitamente en retroceso y siempre por alcanzar. El vestido caído da la señal de que alcanzar la desnudez es siempre más y otra cosa que alcanzarla: la desnudes se retira siempre más lejos que cualquier puesta al descubrimiento y es así como es desnudez. No es un estado sino un movimiento y es el más vivo de los movimientos – vivo hasta la muerte, ultima desnudez-.[3]

 

La desnudez de las imágenes de María Magdalena penitente desencadenó una polémica en el mundo del arte y entre los críticos más moralistas, se llegó a acusar a los pintores de profanar los valores de pudor y penitencia por medio de estas imágenes, pues se consideraban valores necesarios como símbolo para representar a una mujer que formó parte tan especial dentro de la historia sagrada.

 

La imagen de María magdalena dentro de la obra plástica, suele ser representada en solitario, siempre y cuando no forme parte  de una escena sagrada o de un pasaje que concierne a la vida o muerte de Jesús. A ella, en la pintura se le  representa junto a un frasco de perfume y un cráneo,  muchas veces suele estar desnuda o mostrando alguna parte de su cuerpo, casi siempre los senos, con un erotismo que raya en lo divino y al mismo tiempo en lo profano, de una forma erótica pero también inocente, cubriéndose con su inmensa cabellera como recuerdo de su antigua vida.

 

En el nuevo testamento, Lucas se refiere a ella  como una mujer  piadosa aunque endemoniada. Es esta ambivalencia la que seduce al artista.

 

La  figura de María Magdalena se nos ha constituido por medio de la imagen de una prostituta que fue amiga íntima de Jesús, y a quien la religión señala de una manera particular y a la mujer en sí, de una manera general con el estigma de “puta” arrepentida. Pero eso es un paradigma en deconstrucción desde el momento en que se construye.

 

Pintores de género masculino como Botticelli, Correggio, Durero, Rembrandt, Rubens y Tiziano por  nombrar solo algunos; han querido lavarla con el mismo perfume con el que lavo los pies de su Señor para reivindicarla, y por medio del lienzo, sacar a flote su cuerpo de mujer, pero siempre haciendo hincapié en el arrepentimiento, añadiéndole el estigma de haber hecho algo malo.

 

María Magdalena hace flotar a la mujer entre el pecado y la gracia y este es una huella que hasta el día de hoy ha cargado la mujer contemporánea. Mientras que unos la veneran, otros la recuerdan por su pecado y su expiación, haciendo penitencia y mortificando su cuerpo lleno de deseo.

 

La carne, la muerte, el amor, componiendo el ser-en-este-mundo-fuera-del-mundo, esa es la clave de María Magdalena. [4]

 

Cristo fue ungido por segunda vez por María Magdalena, (la primera fue por Juan el bautista) suplantando el aceite por perfume y haciendo la unción en los pies y no en la cabeza. Siendo una prostituta no se deja tocar, es promiscua y virgen a la vez, es la carne que siempre tiene un “si”, son dos cuerpos dentro de uno, uno de gloria y otro de deseo.

 

Ya entrando de lleno dentro de la imagen  de María Magdalena en las artes visuales, podemos analizar algunas obras que la  han mostrado en su lado más carnal.

 

 En obras como “La Magdalena Penitente” de Francesco Hayez;[5] la Magdalena luce completamente desnuda, no observa al espectador pero se sabe observada, y de cierta forma deseada, pero  ese deseo le es irrelevante, ella está en otro lugar, tal vez pensando en los pecados de los que ha sido acusada y que en realidad nunca ha cometido.

 

En cambio, en la obra “Una Magdalena”  del pintor William Etty,[6] el cuerpo desnudo de la penitente confronta en posición y dominio la imagen del Cristo crucificado expuesto de manera muy inferior en color y tamaño a la imagen de la mujer; ella se muestra como una ninfa dentro del bosque, sin ningún pudor, casi infantil, de esta manera se logra percibir   armonía y amor en la tela. Hay que recordar también, que en ningún lugar del evangelio se identifica a María como una pecadora o una prostituta, al contrario, los cuatro evangelios la muestran como la primera testigo de los eventos Cristianos más importantes.

 

Convencido de que la obra más gloriosa de Dios es la mujer, pues toda la belleza humana ha sido concentrada en ella, decidí dedicarme a pintar, no la obra de Draper o de Milliner, sino la obra más gloriosa de Dios, con una delicadeza sin par.[7]

 

Otra obra que nos muestra la imagen de la Magdalena de una manera erótica y en una posición que podría denominarse como pornografía - devota es: “María Magdalena penitente”, de Francesco Furini.[8] En esta imagen, es el cuerpo de la mujer insinuante  el principal detonador de concupiscencia sagrada, Magdalena es casi llevada a un orgasmo divino al recordar a su Señor; los labios entre abiertos y la posición de sus manos hacen que no solo ella, sino el espectador de la obra tengan emociones no permitidas dentro de la moral de su época. El realismo permite al artista retratar detalladamente el cuerpo deseado, de modo que al observador le resulta difícil saber si la fascinación de la obra se debe a la piedad de la santa a sus atributos físicos.

 

En la pintura de Goshka Datzov, “El sueño de María Magdalena;[9]  la mujer yace delante del hombre, otra vez, en supremacía de género. Acostumbrados a verla representada como patrona de las mujeres arrepentidas, sumisa a la mirada de juicio, esta obra creada en 1914, muestra una escena diferente; existe en ella una complicidad de sexos que se refuerza con la pincelada fuerte y los tonos fríos, este no es un suceso bíblico, es más bien un cuadro captado en el interior de la cotidianidad donde los personajes son solamente mortales que se entregan a sus pasiones.

Y por último en la fotografía de James  Stodart tomada en 1864. Donde retrata a Hannah Cullwick como María Magdalena;[10] idealizada románticamente pero con un dejo de lujuria inocente; portando solo una falda blanca y mostrando uno de sus senos, la imagen crea un erotismo más accesible. Fotografiada de rodillas en actitud de oración, es la primera vez que se presenta a una mujer  “común” en el papel de una santa, pues como ella, también  se ha arrepentido de sus faltas. Sabiendo que en esos tiempos, en Inglaterra, los talleres fotográficos eran registrados periódicamente con la finalidad de hallar imágenes de pornografía, la mujer se dejó retratar clandestinamente y esto agrega el toque prohibido a la escena.

 

Muchas han sido las representaciones de la imagen de María Magdalena en el transcurso de la historia del arte, mujer que no proviene de la costilla de nadie, mujer solamente. Se han tomado algunas obras que ejemplifican el deseo que despierta una mujer que fue juzgada como pecadora injustamente por el simple hecho de figurar más que las demás. Son pinturas llenas de erotismo que reivindican  a la Magdalena como divina y mortal, pero también reivindican a la mujer a lo largo del tiempo, a la mujer contemporánea que se ha buscado un lugar dentro de una sociedad masculina, y ese lugar se empezó a abrir gracias a María Magdalena.

 

 

Nombre: Francesco Hayez

Título: La magdalena Penitente

Técnica: oleo / tela

Año: 1825. Galería de Arte Moderno Milán.

 

Nombre: William Etty

Título: una Magdalena

Técnica: oleo / tela

Año: 1840. Londres, Victoria & Albert Museum.

 

Nombre: Francesco Furini

Título: María Magdalena Penitente

Técnica: oleo / tela

Año: 1633. Viena. Kunsthistorisches Museum.

 

Nombre: Goshka Datzov

Título: El sueño de María Magdalena

Técnica: oleo/ tela

Año: 1914. Museo de la Galería Nacional de Bulgaria

 

Nombre: James Stodar

Título: Magdalena

Técnica: fotografía sobre gelatina

Año: 1864. Cambridge, Trinity  College Library.

 

 

 

 

 

 

Índice de citas

[1] Juan, 12:3, Sagrada Biblia.

[2] Derrida, J.; Le toucher, Jean – Luc Nancy, ed. Cit., pp. 323-324.

[3] Nancy, J.L.; la pensé derobée, ed. Cit., p.13.

[4] Nancy, J.-L.; “decisión, désert, offrande” en Lëxpérience de la liberte, ed. Cit p.183.

[5] Francesco Hayez, La Magdalena Penitente, oleo / tela, 1825. Galería de Arte Moderno Milán.

[6] William Etty, una Magdalena, oleo / tela. 1840. Londres, Victoria & Albert Museum.

[7] William Gaunt y F. Gordon Roe, Etty and the Nudde: The Art and Life of William Etty, RA, 1787 -1849, Leigh – on – Sea 1943, p. 17.

[8] Francesco Furini, María Magdalena Penitente, oleo / tela. 1633, Viena. Kunsthistorisches Museum.

[9] Goshka Datzov, El sueño de María Magdalena, oleo/ tela, 1914. Museo de la Galería Nacional de Bulgaria

[10] James Stodart, Magdalena; fotografía sobre gelatina, 1864. Cambrige, Trinity  College Library.

 

Bibliografía

CASAS, Armando; Constante, Alberto; Flores Farfán, Leticia. “Escenarios del Deseo. Reflexiones desde el cine, la literatura, el psicoanálisis y la filosofía”. Ed. Universidad Nacional Autónoma de México. México. 2009.

 

HASKINS, Susan. “María Magdalena, mito y metáfora”. Ed. Herder. Barcelona.1996.

 

RODRÍGUEZ Maciel, Cristina. “Nancytropías. Topografías de una filosofía por venir en Jean- Luc Nancy”. Ed. Colección pensamiento contemporáneo. Madrid. 2011

 

ALCALÁ, Manuel.“Los evangelios de Tomás, el mellizo, y María Magdalena”. Ed. Bilbao mensajero, España. 1999.

 

La santa biblia. Nuevo testamento, Juan, Mateo, Lucas y Marcos, Madrid, ediciones paulinas. España.1981.

 

BERNABÉ Ubieta, Carmen. “María Magdalena: de disípala y apóstol a prostituta. En reseña bíblica no. 36. Los disípalos de Jesús”. Ed. Estella, Verbo Divino y asociación bíblica española, invierno 2002.

 

JEAN-MARC Lachaud y Olivier Neveux. “Cuerpos dominados, cuerpos en ruptura”. Ed. Nueva Visión. 2007.

 

GAUNT William y F. Gordon Roe, “Etty and the Nudde: The Art and Life of William Etty”, ed.RA, 1787 -1849, Leigh – on – Sea 1943.

 

NANCY, J.-L.; “decisión, désert, offrande” en Lëxpérience de la liberte”, ed. Cit.

 

Feminismo y arte de género, revista Exit – Book. No.9. 2008.

 

Mujeres, feminismos y género en España, revista exit Express. No. 58. 2011.

 

 

M.A.V. Luz del Carmen Magaña Villaseñor

Es Catedrático Universidad Autónoma de Querétaro, Facultad de Bellas Artes. Qro.

. Doctorado en Artes; Universidad Autónoma de Guanajuato, Guanajuato Gto. 2012.

. Maestría en Artes Visuales -  Pintura; Academia San Carlos, UNAM. México D.F. 2006-2008. (Titulo).

. Diplomado  “Las tendencias del arte contemporáneo”, Imparte el Dr. Jorge Juanes, Galería 100m3. México D.F. 7 de jun. a 13 dic.2008.

. Diplomado en diseño publicitario, Educación Corporativa, Querétaro, Qro. 2007.

. Lic. Artes Visuales; Especialización Artes Plásticas, Universidad Autónoma de Querétaro; Facultad de Bellas Artes; Querétaro. 2000-2004. (Titulo)

. Escuela Activa de Fotografía; Querétaro. 2002